Prohibir la manzana y encontrar la serpiente

9.7/10 - (8 votos)

Esta vez vengo con un libro de ensayo sobre un tema difícil de abordar en los últimos tiempos: el feminismo. Es triste, porque implica que el tema no acepta debate. Hace tiempo que estaba sintiendo que algo no me encajaba en el nuevo concepto de feminismo que reivindica que hay que ‘acabar con la categoría de hombre y mujer’ que asume que hay ‘una cultura de la violación’ o que utiliza el término patriarcado en cualquier frase. Por no hablar de las soflamas de los últimos 8 de marzo, como las llamadas al no consumo, el ubicar al capitalismo como enemigo de la mujer (¿acaso no ha sido el capitalismo un revulsivo para que la mujer salga de sus casas a trabajar?) o dibujar a las empresas, por el mero hecho de serlo, como símbolo de explotación laboral del género femenino.

Entre esta amalgama de conceptos y de contradicciones internas en las que sentía que yo era una feminista pero no me encontraba en las reivindicaciones que escuchaba, por suerte cayó en mis manos este libro, (gracias por el regalo a mi compañera Leire Martinez), un libro escrito a duo por Leire Khial, antropóloga y sexóloga y UTBH, el youtuber ‘un tío blanco hetero’.

Y es que no, no estoy de acuerdo con acabar con la categoría hombre-mujer,  los hombres y las mujeres existen y son en parte distintos. Cada uno de ellos con sus características biológicas, y cada una de estas características biológicas con unos pros y unos contras.  Tal y como explica UTBH en el libro:

Los hechos en muchos casos no hablan el idioma de los que se creen oprimidos.Los hechos nos dicen que el 80 por ciento de las personas sin hogar en España son varones, que los hombres ocupan los trabajos más duros y arriesgados y no en vano copan el 95 por ciento de las muertes en accidentes laborales. El riesgo del fracaso escolar es del 40 por ciento en chicos y el 29 por ciento en chicas, los hombres son las víctimas del 79 por ciento de los homicidios en todo el mundo y representan aproximadamente un 75 por ciento de los suicidios, viven de media cinco años menos que sus contrapartes femeninas y constituyen aproximadamente el 93 por ciento de la población reclusa. 

Las mujeres, en una de las épocas en las que más libertad tenemos, nos merecemos poder debatir sobre el aborto, el papel del hombre en lo filial, sobre la prostitución, sobre la gestación en vientre subrogado, sobre la violación, sobre el maltrato, sobre las muertes machistas y la ley de violencia de género, sin que ninguna ideología se apropie de estos debates por culpa del tabú a poder expresar diferentes criterios.

¿Se debe sentir una mujer acosada por el mero hecho de que intenten besarla? Yo creo que el cortejo debe seguir existiendo sin que una mirada más larga de lo normal sea motivo de incomodidad y sin que el intento de un beso sea un motivo para tildar al hombre de acosador. De hecho la conquista en sí misma suele ser un fracaso la mayoría de las veces, el límite obviamente se dibuja cuando la mujer dice que no.

Claramente la mayoría de los hombres sabe entender un no. Dibujar al hombre como posible violador en potencia, indicando que existe una cultura de la violación me parece una barbaridad. Un violador no es alguien que cumple con los mandatos del patriarcado, no es alguien que sigue los mandatos de su género sino alguien que los rompe.De hecho basándonos en la definición antropológica de lo que significa patriarcado, (para ello no hay nada mejor que leer el capítulo que Leire khial le dedica en el libro) , la violación rompe los acuerdos tácitos del pacto patriarcal que se sostiene ‘en el intercambio de mujeres a través del matrimonio’ (¡uff…! ). Los violadores han sido siempre despreciados obviamente por las mujeres, pero también por los hombres, no hay más que echar un vistazo a la acogida de un violador, acosador o pederasta en una carcel de hombres, es probablemente el peor delito por el cual puedes ingresar en prisión.

Voy a tener una hija y no le inculcaré la idea falsa de que está oprimida, porque en estos tiempos no va a estarlo (no hubiera podido decirle lo mismo hace medio siglo). Podrá estudiar y proyectarse profesionalmente en lo que quiera, como hizo su madre. Podrá tener hijos solo si ella quiere, sola o acompañada si quiere, con un hombre o una mujer, si quiere, (opciones varias que por cierto no tendrá su hermano).

Le advertiré de que intentan venderle una utopía de estado de seguridad total que no existe, (las agresiones sexuales son una lacra muy antigua y muy difícil de erradicar) y sí, echaros sobre mí, abucheadme, pero le recomendaré que no ande sola por sitios oscuros de madrugada, porque existen una serie de alimañas que rompen los patrones de la cultura, la sociedad y la masculinidad y pueden hacerla daño.

Y le enseñaré sororidad pero le enseñaré también a amar al hombre: a su padre, a su hermano, a sus tíos y a su abuelo, que la protegerán siguiendo los mandatos de la masculinidad sana que ama y protege a a la mujer.

Le daré herramientas para identificar  a quien intente coartar su libertad, actitudes tóxicas de hombres machistas que la puedan poner en peligro.

Pero le daré ante todo libertad para elegir el concepto de feminismo que quiera, porque ser libre no es ser adepta, el feminismo debe escuchar a todas las mujeres: las empresarias, a las prostitutas, a las actrices porno, a las que han necesitado un vientre de alquiler, a las que han decidido ser amas de casa y a las que han decidido salir a trabajar todo el día sin reducir su jornada. Cuando el feminismo radical proclama sus lemas cáusticos en las manifestaciones del 8 de marzo nos deja fuera a muchas mujeres.

A todas esas mujeres que en una conversación nos revelamos contra los patrones del ‘feminismo de cuarta generación’ miradnos, OBSERVAD si somos libres, si pensamos por nosotras mismas, si somos autosuficientes.

Para darle unas vueltas a todo, recomiendo leer el libro y permitirse el lujo de dudar. Imprescindible.

 

 

 

admin

Deje un texto de respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.