REINA ROJA
Hoy vengo a dar una opinión difícil, porque vengo a hacer una crítica negativa de un superventas y de un autor cuyas obras se han publicado en más de cuarenta países. Quizás es que la mayoría de los comentarios y críticas que había leído sobre este libro y su autor me habían puesto el listón muy alto o quizás es que en este momento de mi vida no encajo muy bien los thrillers sobre todo cuando los encuentro, como en este caso, un tanto predecibles.
Antonia Scott es una mujer muy especial. Tiene un don que es al mismo tiempo una maldición: una extraordinaria inteligencia. Gracias a ella ha salvado decenas de vidas, pero también lo ha perdido todo. Hoy se parapeta contra el mundo en su piso casi vacío de Lavapiés, del que no piensa volver a salir. Ya no queda nada ahí fuera que le interese lo más mínimo.
El inspector Jon Gutiérrez está acusado de corrupción, suspendido de empleo y sueldo. Es un buen policía metido en un asunto muy feo, y ya no tiene mucho que perder. Por eso acepta la propuesta de un misterioso desconocido: ir a buscar a Antonia y sacarla de su encierro, conseguir que vuelva a hacer lo que fuera que hiciera antes, y el desconocido le ayudará a limpiar su nombre. Un encargo extraño aunque aparentemente fácil.
Sus protagonistas, a quienes en muchas críticas he visto definidos como el tandem perfecto, personajes imposibles de olvidar etc, a mí no me han entusiasmado lo más mínimo.
Antonia Scott, tiene un cierto parecido en su esencia a Lisbeth Salander de Millenium: mujer fuerte, extremadamente inteligente con ciertos problemas emocionales y de socialicación y además capaz de resolver cualquier enigma; y aunque la española se diferencia de la sueca en varias cosas, no creo ser la única que ha apreciado ese parecido.
Sobre el personaje de Jon Gutierrez, policía Nacional de Bilbao, le tengo que criticar al autor los topicazos que salpican todas sus descripciones: no todos los de Bilbao comen cocochas cada domingo, ni son fuertes harrijasotzailes que cogen piedras de más de 200 kilos. También criticable a mi juicio el enfoque de la labor de un policía nacional en Bilbao: por estas calles no se ven policías nacionales ya que las competencias en seguridad ciudadana las tiene la policía local de Bilbao o la Ertzaintza. Por tanto varios episodios en los que el inspector se revuelca por el suelo con algún maleante o yonki Bilbaino, o en el que recuerda actuaciones policiales, suenan demasiado ficticios para los que somos de por aquí y no vemos a la policía nacional más que para hacernos el DNI.
Y como poco más puedo contar de la novela, (ya he comentado en algún otro post que reseñar un thriller es bastante peligroso porque corres el riesgo de contar detalles que no debes), concluyo diciendo que lo pongo en mi lista de prescindibles, aunque ojo, me la terminé entera en poco tiempo, lo admito: entretenida es un rato.
Lo mejor de esta lectura es el contexto donde la leí, el hotel Viñas de Larrede, en el pirineo oscense, el primer fin de semana de febrero, con una chimenea delante y la borrasca ‘Helena’ llenando la calle de nieve.

No puedo dejar de mencionar que al lado de este hotel encontré otra inspiración para leer. Los pequeños poblados que lo rodean, se están quedando en su mayoría, sin habitantes. Tuve el placer de visitar uno de ellos, el despoblado de Susín, cuya última moradora falleció hace apenas tres años. Sus hijos están tratando de mantener el despoblado en pie y cuidado, a pesar de tener la dificultad añadida de no tener acceso en coche, y desde luego merece la pena adentrarse en él, visitar su preciosa iglesia y sus pequeñas callejuelas y revivir los años en los que alguien paseaba por ellas . Muy cerca encontramos Ainielle, que de forma similar quedó despoblado en el año 1970. En este despoblado, el escritor Julio LLamazares basó su novela «La lluvia Amarilla», el monólogo del último habitante de este pueblo abandonado del pirineo aragonés. Me lo apunto; claro.
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